Ixtacamaxtitlán: paraíso natural entre cerros

*En uno de los municipios de mayor extensión territorial en Puebla, desde donde se mire, al norte o al sur, al poniente o al oriente, hay un cerro, majestuosos montículos

Jaime Carrera

Ixtacamaxtitlán, Pue. Una larga cadena de inmensos cerros que asemejan mandíbulas y conectan a la tierra con el cielo rodean a un paraíso natural enclavado en la Sierra Norte de Puebla,  donde los paisajes arrancan hasta el último suspiro cuando se recorren largas y curveadas carreteras que por momentos llegan a cubrirse de una melancólica neblina.

En Ixtacamaxtitlán desde donde se mire, al norte o al sur, al poniente o al oriente, hay un cerro, majestuosos montículos de tierra unos más verdes que otros, pero que envuelven y custodian a pequeñas y alejadas comunidades de la cabecera municipal, las cuales durante años han estado acompañadas por la naturaleza y un apaciguado campo.

Al ser uno de los municipios de mayor extensión territorial en la entidad, su población se encuentra dispersa en 123 localidades, una de ellas Xóchitl de Ocotla, a una hora en automóvil de la cabecera, pero cuyas panorámicas generan asombro por la cotidianeidad de una vida lejos de lo trivial, en donde los balidos de los chivos retumban entre los cerros.

El lugar por demás turístico, aunque sin tantos reflectores, es un punto obligado a visitar en la Sierra Norte de Puebla. Los visitantes, además de llevarse recuerdos fotográficos inolvidables también podrán atestiguar la calidez que caracteriza a los poblanos, sobre todo, de aquellos que conocen las bondades del campo.

De pronto, en lo alto de uno de los muchos cerros, el aire rechifla, seguido de un silencio que reinicia vidas, es un hecho que en San Francisco Ixtacamaxtitlán todo transcurre de manera distinta, lejos de las grandes ciudades, en medio de un franco diálogo con la naturaleza que tiene mucho decir a través de su flora y su fauna.

A 100 kilómetros de la capital poblana, Ixtacamaxtitlán cuenta con un atractivo muy peculiar y de gran interés para los amantes de las fotografías: el templo de San Francisquito en la localidad de Tlajomulco, en lo alto de un risco que se cree en el pasado prehispánico fue un punto de vigía de orden militar, frente al mítico cerro de Acolhua.

Recorrer Ixtacamaxtitlán en su totalidad es toda una travesía solo para los más aventureros, pero en cada pueblo se encontrará algo cautivante: una iglesia, un cerro aislado o caminos intermontañosos cercados por la corriente del río Apulco, cuyo sonido del afluente, a veces más tenue e imperceptible, da paz y tranquilidad.

A su visita, se podrá conocer más sobre el paso de Hernán Cortés por este territorio de ensueño natural, su historia precolombina a través de un museo, y el conocimiento de la existencia de una gran variedad de objetos y de monolitos vestigios del pasado que aún     yacen en resguardo de los pobladores orgullosos de su pueblo.

En medio de la milpa, con la neblina en ocasiones rosando el suelo, así como con danza, procesiones y una feria en octubre, los días parecen por momentos detenerse en Ixtacamaxtitlán, en donde los sonidos retumban entre cerros, esos montículos de tierra que vieron nacer a un pueblo con vasta historia y un legado para las próximas generaciones.

 

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